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Puerto Bizarro: El acto más extraño y extremo de ver cine
“..pero por sobretodo no entres a la habitación 237, no lo hagas jamás, bajo ninguna circunstancia”…
(Dick Halloran a Danny en The Shining)
El espectáculo es un mecanismo a base de sensaciones y estímulos. Existe una puerta que siempre ha quedado semi abierta que ha separado dos zonas que se debaten entre lo que podemos reconocer o nombrar y una más desconocida donde está lo que resiste a ser clasificado.
Bizarro contiene en sí mismo dos acepciones comúnmente desvirtuadas. La primera es en relación a gallardía, en su origen galo, y una segunda en su condición de rareza, de extrañeza, de no habitual, de fenómeno.
La existencia de un “cierto” cine que se denomina Bizarro ha alimentado el interés de espectadores a someterse a la sorpresa frente a lo inhabitual de cierto tipo de obras que por muchas y distintas razones, se desconocen, se ignoran, se omiten o se veneran.
Entendemos el ir al cine, como un culto, tanto a la obra como al acto mismo. Más aún cuando nos reunimos con la expectación de ver obras que responden a la fascinación, encanto y perturbación por lo “extraño”.
En la medida que el placer por quedar perplejos existe, el culto vive.
Hace seis años nos juntamos por primera vez por toda una noche para ver lo que algunas vez escuchamos que existía. Aquellas obras que sólo algunos pocos conocían, como un tal Jodorowsky, Svankmajer, sinfonías de Lynch, animaciones de un tal Bill Plympton o un giallo italiano. A esa reunión la llamamos PUERTO BIZARRO.
“…el puerto tenía guardado entre sus entrañas uno de los lugares más desconocidos para ver las imágenes más delirantes y espeluznantes del cine”” Así comenzaba una especie de arenga para reunir a aquellos que con o sin cultura de lo que se llama cinefilia, asistan a esas largas y raras noches.
Todas sus versiones han seguido la huella de las funciones de trasnoche del cine underground. No podía ser de otro modo, la reunión es en un puerto, y el espectáculo es algo bizarro, porque lo que ocurre cuando comienza la función hasta el día de hoy es inexplicable, extraño y necesario.
Nos sorprendemos con lo distinto, con la bella perturbación hacia lo bizarro.
Más que cine de bajo presupuesto o mal facturado, nos encontramos frente a obras que traspasan límites de lo habitual.
La extraña habitación ha quedado sin llave, la invitación está hecha: a entrar a la habitación prohibida y placentera de lo bizarro.

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