La ciencia ficcion ha muerto

La Ciencia Ficción ha muerto

Por Marcelo Novoa

                                           Estas son las últimas señales agónicas de una nave perdida en el espacio insondable. Dentro de sus incontables pasillos y niveles reina el silencio. Sólo interrumpido por el espasmódico salto final de un encefalograma que pronto se convierte en una línea continua, hasta detenerse. El último sobreviviente desaparecerá, como un juguete demasiado costoso o demasiado inútil, sólo ha funcionado una vez y lo ha hecho hasta el máximo de sus fuerzas, agotando de paso su carga energética. Pronto comenzará la oxidación, la herrumbre, la entropía. Así pasan décadas, siglos, incluso milenios, sin que nadie repare en este hecho fatal. Hasta el tiempo olvida que alguna vez contuvo en su interior algo llamado Universo de la Ciencia Ficción.

  

USS Sala Insomnia nos informa que su tarea de rescate de supervivientes ha fracasado. No hay señales de vida en el planeta. Éste lleva muerto eones. Sólo restan unos cuantos filmes, otros tantos libros, y muchas, demasiadas para catalogarlas y transportarlas todas, piezas faltantes del puzzle que contiene la imagen total del universo. Entonces, prefiere traernos a colación fragmentos del holograma, antes que bombardearnos con toda clase de especímenes sin parentezco ni árbol genealógico. Esa suerte de arquelogía retrofuturista, malas artes funerarias que vienen practicando blogs y revistas especializadas, que prefieren dejar morir cada vez a una obra y su autor, para luego revivirlos a la fuerza como anticlásicos, de culto o peor aún, como descubrimientos de su propia lucidez y genialidad.

Y desde ese estado absoluto de contemporaneidad y obsolecencia que da la muerte. Esa frontera final que abre nuevos horizontes, Codex Sala Insomnia ha fichado cuatro anillos parlantes para alumbrar las sombras de estos tiempos que corren al despeñadero. Por cierto, nos referimos a Blade Runner (1982) que aunque bebiendo de las aguas cineartísticas de los 70tas, es capaz de producir el mayor efecto de realidad de mundo futuro alguna vez filmado. Otros cientos de méritos acompañan esta saga detectivesca que pronto se convierte en búsqueda metafísica, reflexión sobre los alcances de la naturaleza en un medio ambiente artificial, y la más apasionada historia de pos-amor en tiempos de interfase pre-modem.

El Globo Plateado (1977) sería la contra-respuesta rusa a Star Wars, si es que eso fuera necesario, o aún más, practicable. Pero esta cinta monstruosa la dirije un polaco, con fondos estatales soviéticos, y aunque necesariamente todo debía acabar mal, se logra editar en Francia. Aquí nos enfrentamos a una película interminable, morosa y casi hipnótica, que requiere de todos nuestros sentidos alertas, para aterrizar en los más inspirados, hermosos y vibrantes momentos que ha dado la ciencia ficción a la cinematografía mundial. Lo sabemos, está inconclusa y aún así, sigue siendo desmesurada, fragmentaria e inclasificable. Digno proyecto fallido de un director maldito que persiste en cambiar los puntos de las íes, por acentos dramáticos y llamados de atención furiosos hacia nuestra escandalosa inhumanidad actual.

La Fuga de Logan (1976) es la delicia de los retro-exploradores cinéticos, pues saben que su fama fue fatalmente eclipsada por la fulgurante implosión del western-de-hadas fantacientífico mal hadado. Todos los temas más queridos de la Ciencia Ficción clásica (ciudades supercontaminadas viviendo bajo domos protectores, castas de jóvenes ociosos viviendo del ocio institucional, abolición de cualquier rastro de cultura o intelectualidad, y la infaltable historia de amor entre castas prohibidas). Los actores son un acierto, pues nunca fueron tan famosos como para eclipsar su rol (exceptuando a Peter Ustinov que hace de sí mismo); el maquillaje, escenografía y efectos especiales, dignos; y el ritmo y atmófera, tanto de la ciudad y las afueras, todo un acierto de minimalismo bien pensado.

Fase IV (1974) podría unirse a la serie de hoy olvidadas joyitas setenteras del género (Silent Running; Roller Ball; The Orange Oclock; Soylent Green; The Andromeda Strain; entre otras pocas más). Pero tiene más en común con Dark Star, ópera prima del maestro Carpenter, o THX 1138, idem del luego caza fortunas Lucas; pues su mala leche política, buenas ideas visuales y final sombrío, no le vuelven ni accesible ni disfrutable como matiné trasnochada de cinépatas snobs. Su intento de unir documental, ecologismo y futurología, es un directo llamado de atención a las posturas dominantes de la diosa ciencia y su fiel esclava tecnología, que no nos condujeron por buen camino en las siguientes décadas.
Como ven, la Ciencia Ficción ha muerto. Ya no existe. Son imágenes invisibles. Sólo captables por un ojo muy bien entrenado en artes   esotéricas o para un depredador nocturno muy hambriento. ¡Buena cacería!